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Mensaje importante: Cuidado con las estafas de suplantación de identidad

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Cuando los hiperescaladores recurren al endeudamiento

La IA ocupa un lugar principal en el debate económico y promete transformar el funcionamiento de las empresas y la forma en que se genera la productividad. Su ciclo de inversión ya está impulsando la actividad, mucho antes de que se puedan cuantificar los beneficios de su implantación. Las expectativas son considerables, aunque el ritmo de comercialización y los posibles retornos siguen siendo inciertos. Lo que sí es tangible es la inversión de capital en la infraestructura necesaria para hacer posibles esas ambiciones. Para los inversores en deuda corporativa, esto supone una oportunidad considerable, junto con una creciente responsabilidad de distinguir entre la resiliencia financiera y las perspectivas tecnológicas. El reto consiste en financiar el futuro con la protección suficiente frente a las incertidumbres del presente.

La IA entra en los mercados de crédito a gran escala

Desde septiembre de 2025, la financiación de la IA se ha convertido en una característica cada vez más destacada de los mercados de crédito. Lo que ha sorprendido ha sido la magnitud y el alcance del endeudamiento de los hiperescaladores, los grandes grupos tecnológicos que impulsan la expansión de la capacidad de la nube y la IA. La emisión de bonos de alta calidad alcanzó aproximadamente los 182 000 millones de dólares en agosto de 2026, en comparación con los 93 000 millones de dólares de todo el año 2025.[1] Esto supone un cambio para un sector que, desde hace tiempo, se ha caracterizado por su capacidad para financiar el crecimiento a partir de su propia generación de efectivo. La magnitud del gasto en infraestructura está haciendo que incluso las empresas con los balances más sólidos vuelvan al mercado de bonos. La financiación abarca ahora distintos vencimientos y divisas, combinando bonos convencionales con deuda garantizada, arrendamientos financieros y estructuras de proyectos en todo el ecosistema. Además, a los inversores les resulta cada vez más difícil pasar por alto a estos emisores: los grandes hiperescaladores representaban aproximadamente el 4,8 % del índice Bloomberg US Corporate Investment Grade en julio de 2026.[2] Por consiguiente, la IA está influyendo en la exposición de las carteras incluso cuando los inversores no han realizado una asignación temática explícita.

La necesidad de financiación también está alcanzando el alto rendimiento, ya que los desarrolladores y operadores especializados realizan parte de la construcción de centros de datos que los hiperescaladores deciden subcontratar. Gran parte de este endeudamiento se destina a financiar edificios, conexiones eléctricas y sistemas de refrigeración, con los ingresos futuros derivados de los contratos como garantía. La distinción es importante: los inversores suelen financiar ladrillos, y el reembolso depende de la entrega de un activo operativo, en lugar de conceder préstamos garantizados por un negocio de software ya consolidado. El hiperescalador puede ser el cliente final sin ser la entidad responsable de hacer frente a la deuda de la construcción. Por lo tanto, este tipo de financiación incorpora a las carteras los riesgos relacionados con la construcción y la financiación de proyectos, además de la exposición a la tecnología.. La exposición directa a los centros de datos alcanzó aproximadamente el 3,4 % del índice del alto rendimiento de Estados Unidos en agosto de 2026.[3] Los clientes sólidos pueden respaldar estas estructuras, pero su calidad crediticia no se traslada automáticamente al prestatario. Prevemos un aumento considerable de la oferta hasta 2027, a medida que los compromisos de inversión se traduzcan en capacidad operativa. El abanico de oportunidades debería ampliarse, mientras que la capacidad del mercado para absorber esa oferta dependerá cada vez más de los precios y la estructura.

  • Charudatta Shende - Head of Client Portfolio Management Fixed Income and Fixed Income Strategist | Candriam
    Charudatta Shende
    Head of Client Portfolio Management Fixed Income and Fixed Income Strategist

Una mayor oportunidad para el crédito

Hay razones de peso para abordar esta situación de manera constructiva. La inversión en IA ya está impulsando la actividad económica, y la demanda se extiende a los sectores de los servicios públicos, los equipos eléctricos, la ingeniería y la construcción. Estos sectores ofrecen vías a través de las cuales el gasto puede contribuir al empleo y al crecimiento más allá del sector tecnológico. Esto otorga al ciclo de inversión un alcance económico más amplio y ayuda a explicar por qué su importancia va más allá de la suerte de los distintos proveedores de IA. La financiación mediante deuda puede respaldar activos productivos cuya contribución útil perdure más allá de la oleada inicial de entusiasmo. El posible dividendo de productividad sigue siendo incierto, pero el ciclo de inversión actual tiene un valor económico tangible. Para los acreedores, la perspectiva de unos ingresos duraderos es más relevante que las previsiones más ambiciosas sobre el cambio tecnológico. Las franquicias establecidas, los importantes flujos de caja operativos y la demanda contratada constituyen una base sólida para algunas partes de esta expansión.

Los mercados de crédito también ganan en diversidad y cuentan con nuevas fuentes de rentabilidad. Los inversores de alta calificación pueden acceder a más deuda tecnológica, mientras que los inversores de alto rendimiento ganan un segmento de infraestructuras en expansión. Los contratos de arrendamiento a largo plazo con contrapartes sólidas pueden mejorar la previsibilidad de los ingresos; las garantías explícitas o el apoyo financiero pueden reforzar aún más el perfil crediticio de un proyecto. La finalización de la obra y el inicio del pago de los alquileres pueden reducir considerablemente el riesgo, aunque el hecho de que un inquilino tenga calificación de inversión no garantiza que el prestatario también la tenga.

También está el atractivo del carry. El aumento de las necesidades de financiación puede crear oportunidades para garantizar un diferencial adicional de emisores que, por lo demás, son resilientes. Cuando el rendimiento compensa adecuadamente el apalancamiento, el riesgo de ejecución y las condiciones del bono, puede suponer una valiosa incorporación a las carteras. No es necesario que todas las inversiones generen un retorno excepcional sobre el capital para que un bono tenga un buen rendimiento. Necesitamos flujos de caja que nos permitan hacer frente al pago de los intereses y amortizar el capital, con la flexibilidad suficiente para hacer frente a un resultado menos favorable. El beneficio reside en la calidad y el precio de la deuda que se ofrece, más que en el crecimiento de las emisiones.

Los riesgos empiezan con la entrega física

La ejecución es fundamental para la evaluación crediticia. Gran parte de la expansión prevista en la IA depende de los centros de datos, que primero deben construirse, conectarse y ponerse en funcionamiento. En los principales mercados norteamericanos de centros de datos, la capacidad en construcción durante el primer semestre de 2026 equivalía a casi el 70 % del inventario existente.[4] Esa cartera de proyectos pone de manifiesto la brecha existente entre los objetivos anunciados y los activos que generan ingresos. El calendario financiero puede comenzar mucho antes que el calendario operativo: el capital se compromete y la deuda se contrata mientras el activo aún no puede generar los ingresos de los que depende su financiación. El arrendamiento anticipado aporta tranquilidad en cuanto a la demanda, pero no puede eliminar el riesgo de que una instalación se entregue con retraso o supere el presupuesto.

La energía es una limitación especialmente difícil. Es posible que un edificio se termine de construir antes de que estén listas la conexión a la red, la capacidad de transmisión o la generación necesarias para su funcionamiento. Estas dependencias no se adaptan fácilmente al ritmo del desarrollo tecnológico. Un calendario de obras ambicioso ofrece pocas garantías si las infraestructuras exteriores a la obra no pueden completarse al mismo tiempo. Los permisos y el equipamiento especializado generan nuevas dependencias, mientras que la inflación y las presiones sobre la cadena de suministro pueden encarecer el coste de los sistemas eléctricos con un elevado contenido de cobre y otros insumos de la construcción. Los retrasos se convierten entonces en un problema crediticio: se devengan intereses, mientras que el inicio del arrendamiento y la generación de efectivo pueden verse aplazados. Una promotora puede necesitar una financiación adicional precisamente cuando su flexibilidad financiera se está reduciendo. Para un hiperescalador, la falta de capacidad disponible puede retrasar los ingresos previstos para justificar su inversión. A medida que estas exposiciones aumentan, un posible cuello de botella en la construcción podría afectar a las carteras de crédito de todas las calificaciones.

La notificación de fuerza mayor emitida por Oracle en septiembre en relación con el Proyecto Júpiter en Nuevo México[5] ilustra cómo las limitaciones físicas pueden influir en las relaciones contractuales. El aviso se produjo a raíz de los problemas con las autorizaciones que afectaban a un componente del gasoducto. Oracle afirmó que el proyecto seguía avanzando según lo previsto; el aviso no suponía ni una cancelación ni un evento de crédito. Sin embargo, la lección es relevante: los inversores deben comprender quién asume el coste cuando una parte esencial de un proyecto no puede llevarse a cabo según lo previsto.

La aceptación pública crea otro obstáculo. Las preocupaciones por las facturas de electricidad, el consumo de agua y el ruido han suscitado oposición más allá de las divisiones políticas, y la moratoria de Nueva York sobre las nuevas instalaciones a hiperescala pone de manifiesto que las restricciones podrían frenar el desarrollo. La preocupación de los acreedores no es solo si un proyecto acaba recibiendo la aprobación, sino cuánto tiempo dura ese proceso y si las condiciones adicionales alteran su viabilidad económica. Por lo tanto, la oposición local puede ser un factor importante para un prestatario, incluso cuando los argumentos económicos generales a favor de la inversión en IA sigan siendo convincentes. La demanda comercial por sí sola no basta para garantizar la entrega. Además, un proyecto debe contar con la infraestructura y la aceptación local necesarias para su funcionamiento. Para los bonistas, estas consideraciones deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar las fechas de finalización, las necesidades de liquidez y la fiabilidad de los futuros ingresos.

Los costes de financiación agravan estas presiones. El aumento de los rendimientos de la deuda pública eleva el coste subyacente del crédito, mientras que una oferta abundante puede obligar a los emisores a ofrecer primas más elevadas en las nuevas emisiones. Incluso los hiperescaladores más sólidos se enfrentan a un mayor escrutinio por parte de los inversores a medida que aumentan sus necesidades de financiación. Las condiciones favorables de las nuevas emisiones recompensan a los inversores por aportar capital fresco, pero también ponen de manifiesto que el mercado se está volviendo más selectivo. Las calificaciones sólidas pueden garantizar el acceso a la financiación sin eximir al emisor de asumir un mayor coste por financiación. Para los prestatarios, los cupones más elevados hacen que sea aún más importante convertir la inversión en flujo de caja en el plazo previsto. Para los inversores, el carry adicional solo resulta atractivo si ofrece una compensación suficiente por los riesgos asumidos. La abundante demanda de servicios de IA no puede, por sí sola, resolver una combinación desfavorable de retrasos en la construcción, aumento de los costes y deuda costosa.

La estructura de financiación también es importante. Los arrendamientos, las empresas conjuntas y las entidades de proyecto pueden distribuir las obligaciones entre distintas entidades sin eliminar la dependencia económica subyacente. Por consiguiente, el apalancamiento declarado puede proporcionar una visión incompleta de los compromisos financieros. Tenemos que evaluar quién respalda en última instancia el activo, cuál es el orden de prelación de los acreedores y cuánta refinanciación se necesita antes de que las operaciones se autofinancien. Una relación comercial a largo plazo no equivale a una garantía incondicional. Es necesario comprender la distribución contractual de los sobrecostes, las obligaciones de finalización y los retrasos en los pagos antes de que la posición de fuerza del cliente pueda ser considerada como una protección para el acreedor. Las sólidas cotizaciones en los titulares merecen atención, pero las condiciones de un valor concreto pueden ser igual de decisivas.

La resiliencia financiera determinará el resultado

La IA ofrece una oportunidad significativa a largo plazo, pero es poco probable que el camino desde la inversión hasta la generación fiable de efectivo sea lineal. El análisis fundamental y ascendente sigue siendo nuestra guía más útil. Con respecto al emisor, esto implica evaluar la solidez del balance, el total de compromisos financieros y la capacidad para moderar el gasto en caso de que los ingresos no alcancen las expectativas. La ambición debe evaluarse en función de los recursos disponibles para financiarla, y no únicamente en función del tamaño potencial del mercado. A nivel de proyecto, esto implica comprobar el avance de las obras, el acceso a la red eléctrica y la fiabilidad de los plazos de finalización. En cuanto a los bonos, las cláusulas restrictivas, las garantías, la prelación y los requisitos de refinanciación determinan el grado de protección del que disfrutan realmente los acreedores.

Estas distinciones deberían generar dispersión y oportunidades para la gestión activa. Una instalación prácticamente terminada, con suministro eléctrico garantizado y un inquilino sólido, ofrece unas condiciones muy diferentes a las de un proyecto que aún espera las autorizaciones necesarias. Del mismo modo, un hiperescalador capaz de financiar su expansión en gran medida con el flujo de caja operativo dispone de mayor flexibilidad que uno que depende cada vez más del capital externo. La misma disciplina se aplica dentro de la estructura de capital de un emisor, donde el vencimiento y la protección contractual pueden dar lugar a perfiles de riesgo considerablemente distintos. Una perspectiva sectorial convincente es el punto de partida de ese análisis, no un sustituto del mismo. La selección de emisores y emisiones será fundamental para aprovechar el carry ofrecido y, al mismo tiempo, mantener la resiliencia en caso de que las hipótesis resulten demasiado optimistas.

Las revoluciones tecnológicas anteriores nos recuerdan que la innovación duradera puede coexistir con el exceso financiero. Las empresas y las estructuras de financiación pueden fracasar incluso aunque la tecnología se haya integrado en la vida cotidiana. Tanto el sector ferroviario como el de las telecomunicaciones e Internet vivieron periodos en los que la inversión en capital se adelantó a la monetización. Su evolución posterior no benefició por igual a todos los inversores iniciales. Por lo tanto, para los bonistas, reconocer la importancia de una tecnología nunca ha sido suficiente por sí solo. Lo más útil es preguntarse si el prestatario podrá seguir siendo solvente y mantener el acceso a la liquidez mientras el modelo de negocio madura.

Puede que la IA siga su propio rumbo, pero los acreedores tienen motivos de sobra para centrarse en la capacidad de superar la brecha entre las expectativas y la ejecución. Ante el debate sobre si la IA es viable, beneficiosa o está sobrevalorada, la resiliencia financiera sigue siendo fundamental.

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