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Un marco práctico para inversores de renta fija
Si se le pide a un inversor de renta fija que describa el ciclo crediticio, la mayoría citará inmediatamente sus cuatro fases familiares: reparación, recuperación, expansión y recesión. Conocer la terminología es sencillo. La pregunta más pertinente es: ¿por qué es importante para los resultados de la cartera?
Los ciclos crediticios son uno de los principales catalizadores de los retornos en la renta fija. Sin embargo, se suelen diagnosticar erróneamente, se simplifican demasiado o se identifican solo en retrospectiva. Aunque el momento exacto en que se producen es intrínsecamente incierto, las transiciones entre fases suelen mostrar patrones recurrentes en los diferenciales de la deuda corporativa, la dinámica de las emisiones, las tendencias de apalancamiento y las condiciones de liquidez.
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”En la inversión en deuda corporativa, el mejor momento para gestionar el riesgo es precisamente cuando parece innecesario porque los mercados parecen cómodos.
El ciclo crediticio de un vistazo

Por qué el ciclo es importante para la gestión de carteras
Más que las etiquetas, lo que importa es la naturaleza cambiante del riesgo inherente a cada fase.
Detrás de cada fase se encuentran las condiciones de refinanciación cambiantes y la dinámica de liquidez, factores que influyen directamente en la compensación de diferenciales, el riesgo de impago y la dispersión entre emisores y sectores.
Nuestro informe va más allá de la teoría. Presenta un marco disciplinado para entender el ciclo crediticio y cómo posicionar las carteras en consecuencia.
Inversión en deuda corporativa a lo largo del ciclo
Un marco de riesgo para una inversión en deuda corporativa disciplinada
Esbozar las cuatro fases del ciclo no es ciertamente un concepto novedoso. Sin embargo, lo importante es cómo se utiliza el análisis de estas fases. El ciclo crediticio no es un ejercicio de previsión; es un marco de gestión del riesgo.
Descubra las principales conclusiones del artículo en este breve vídeo
Doma el riesgo.
No huyas de él.
La deuda corporativa puede parecer una inversión tranquila, porque las rentabilidades son constantes la mayor parte del tiempo. Pero es una clase de activos asimétrica: la subida se limita al cupón, mientras que la caída puede ser permanente si los fundamentales se debilitan o la liquidez desaparece.