El próximo reto de la transición: más allá de la energía limpia
La transición medioambiental suele asociarse únicamente a la energía limpia. Sin embargo, a medida que la electrificación se expande, surge una cuestión cada vez más importante: ¿puede la economía global asegurar, reutilizar y gestionar los recursos necesarios para hacer posible la transición?
La energía limpia sigue siendo fundamental. Las energías renovables, las baterías, las redes y el transporte electrificado siguen siendo la base de la descarbonización. Sin embargo, la transición es amplia. Depende de materiales, sistemas de agua, sistemas de refrigeración, capacidad de reciclaje, equipos industriales y tecnologías digitales que permitan un uso más eficiente de los recursos.
Aquí es donde puede definirse la siguiente etapa de la transición. El reto ya no es solo producir energía más limpia. También se trata de construir una economía más eficiente en el uso de los recursos.
La extracción mundial de materiales se ha más que triplicado en los últimos 50 años, y las tendencias actuales apuntan a una mayor presión en las próximas décadas.[1] Es importante porque muchas de las tecnologías que permiten la descarbonización consumen muchos recursos. Las redes necesitan cobre, acero, cables y transformadores. Las baterías requieren minerales críticos. Los centros de datos necesitan semiconductores, sistemas de refrigeración y una infraestructura eléctrica fiable.
Esto no socava los argumentos a favor de la transición medioambiental, pero sí refuerza la necesidad de pensar en ella de manera diferente.
Circularidad: de la reducción de residuos a la resiliencia estratégica
La circularidad suele asociarse con el reciclaje, pero es mucho más que eso. Una economía circular también implica el rediseño de productos, la reparación, la reutilización, la recuperación de materiales, la clasificación automatizada, el envasado avanzado y unos procesos industriales más eficientes. El objetivo es reducir la dependencia de las materias primas y mantener más valor dentro de la economía durante más tiempo.
La magnitud de la oportunidad sigue siendo significativa. La proporción de materiales reutilizados por la economía mundial ha disminuido en los últimos años, del 9,1 % en 2018 al 6,9 % en 2025.[2] En otras palabras, se está hablando más de circularidad precisamente cuando la economía está perdiendo su circularidad.

Para las empresas, puede convertirse en un problema de competitividad. Reducir la intensidad de materiales puede ayudar a limitar la exposición a la volatilidad de las materias primas, a las perturbaciones del suministro y a la presión normativa. Aumentar la recuperación y la reutilización también puede contribuir a que los modelos industriales sean más resilientes.
Para los inversores, la oportunidad no se limita a la gestión tradicional de residuos. Puede extenderse a empresas que suministran automatización industrial, sistemas de recuperación de materiales, sensores, software, equipos de reciclaje y tecnologías avanzadas de fabricación. Estos son los sistemas que pueden ayudar a convertir la circularidad en soluciones industriales circulares prácticas.
El agua se está convirtiendo en un problema industrial
Se suele hablar del agua como un reto social y medioambiental. Sin embargo, cada vez es más un reto económico.
Más de 2000 millones de personas siguen sin tener acceso a agua potable gestionada de forma segura, mientras que alrededor de 3500 millones carecen de un sistema de saneamiento gestionado de forma segura.[3] Al mismo tiempo, la escasez de agua es cada vez más relevante para la capacidad industrial, la planificación de infraestructuras y la resiliencia de la cadena de suministro. El Banco Mundial ha estimado que la escasez de agua podría costar a algunas regiones hasta el 6 % del PIB en 2050.[4]
Las implicaciones para la inversión son amplias:
- Se deben modernizar las redes que se están quedando obsoletas.
- Se deben reducir las fugas.
- Se debe ampliar la capacidad de tratamiento y reutilización.
Los usuarios industriales necesitan sistemas que les permitan reciclar el agua, reducir el consumo y operar de manera más fiable en regiones con estrés hídrico.
Los semiconductores ofrecen un ejemplo útil. La fabricación de chips avanzados requiere entornos altamente controlados, una refrigeración estable y grandes volúmenes de agua ultrapura. La refrigeración eficiente, el intercambio de calor, el tratamiento y el reciclado no son medidas de sostenibilidad secundarias. Pueden ser fundamentales para la productividad, la fiabilidad y el control de costes.
Cómo los sistemas de refrigeración y agua respaldan la fabricación de semiconductores

A medida que aumenta la demanda de semiconductores, impulsada por la IA, la electrificación y la infraestructura digital, los sistemas de agua y refrigeración pasan a formar parte del argumento de inversión físico que subyace a la transición medioambiental.
De la presión medioambiental al rendimiento operativo
Uno de los cambios más importantes es cómo ven las empresas la inversión medioambiental. Las medidas que antes se trataban principalmente como costes de cumplimiento se evalúan cada vez más desde el punto de vista de la eficiencia, la resiliencia y la competitividad.
En nuestra opinión, hay tres tipos de empresas especialmente relevantes.
- Habilitadores: proveedores de los equipos, componentes y software necesarios para mejorar la eficiencia energética, del agua y de los materiales.
- Líderes en eficiencia: empresas consolidadas que reducen la intensidad de los recursos y mejoran potencialmente la resiliencia operativa.
- Integradores de sistemas: empresas capaces de diseñar, construir y operar infraestructuras complejas en sistemas energéticos, hídricos e industriales.
En conjunto, estos grupos muestran por qué la transición medioambiental no debe ser considerada como una única temática. Se trata de un cambio estructural en la forma en que la economía produce, consume y asigna recursos.
La energía limpia sigue siendo el pilar fundamental. Pero la siguiente fase puede estar cada vez más configurada por los sistemas que permiten a la economía global hacer más con menos.
Para los inversores, la cuestión no es solo quién produce energía más limpia. También es quién contribuye a que el crecimiento requiera menos recursos, sea más resiliente y esté mejor alineado con las limitaciones físicas de la economía mundial.
La transición medioambiental
Una exploración en profundidad de la transición medioambiental como una oportunidad de inversión de varias décadas, examinando cómo la descarbonización, la circularidad y la seguridad del agua están remodelando las industrias, las infraestructuras y la asignación de capital. En este informe descubrirá:
- A medida que la economía va cobrando cada vez más protagonismo en la transición, la oportunidad se amplía mucho más allá de las soluciones climáticas tradicionales.
- Entender dónde está surgiendo la creación de valor a largo plazo será clave para superar la siguiente fase del crecimiento.
Para obtener más información sobre la forma en que las estrategias temáticas de renta variable de Candriam abordan estas tendencias a largo plazo
[1]Fuente: Panel Internacional de Recursos/PNUMA, Panorama de los Recursos Globales 2024
[2]Fuente: Circle Economy, Informe sobre la Brecha de Circularidad 2026
[3]Fuente: UNESCO, Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos de 2024 de las Naciones Unidas.
[4]Fuente: Banco Mundial, Situación crítica: El cambio climático, el agua y la economía.
Descubra nuestra serie sobre la transición medioambiental
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La transición medioambiental ha entrado en una nueva fase. Lo que una vez se consideró un cambio gradual, impulsado por las políticas, se está convirtiendo en una transformación más rápida e impulsada por la economía. La tecnología, la dinámica de costes y el aumento de los riesgos físicos están convergiendo, haciendo que el cambio medioambiental pase a ser una fuerza central que remodela el crecimiento, la asignación de capital y la estrategia corporativa. -
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