Ajustar el rumbo, pero manteniéndolo
Las tendencias de mercado, normativas y geopolíticas están influyendo en la forma en que los inversores se implican con las empresas en las que invierten. En 2025, los accionistas presentaron menos propuestas, mientras que las grandes instituciones se retiraron de algunas iniciativas colaborativas de gran envergadura, lo que provocó su reestructuración o cancelación.
Es probable que el diálogo directo y las coaliciones más pequeñas cobren mayor importancia.
Creemos que estos pueden propiciar una implicación más específica y orientada a los resultados. Aunque no hemos reducido nuestra participación en iniciativas colaborativas de gran envergadura y alto perfil, puede resultar más difícil que estas sean tan eficaces como lo han sido en años anteriores.
La gobernanza sigue siendo el requisito previo.
Nuestra filosofía es que la gobernanza es el marco para traducir los objetivos corporativos en resultados financieros sostenibles a largo plazo. En primer lugar, deben existir la supervisión y la rendición de cuentas.
¿Y cuáles son los próximos objetivos? Mitigación del cambio climático: mantener un diálogo activo en un mundo incierto; aumentar el reconocimiento de la biodiversidad, el capital natural y el capital humano como riesgos financieros y de inversión. El capital humano, por ejemplo, cobró importancia como riesgo durante la pandemia de covid-19 y nos hemos implicado con empresas de rápido crecimiento en relación con los riesgos y oportunidades de crecimiento que conlleva la gestión de su capital humano. También nos tomamos muy en serio los riesgos financieros y de otro tipo que conlleva operar en zonas afectadas por conflictos. Cadenas de suministro, IA, disponibilidad de mano de obra: los inversores necesitan transparencia.